miércoles, 11 de julio de 2012

AL QUE OBRA BIEN LA VA BIEN


          


                                                     Era un hermoso domingo, que a pesar de ser invierno, sé abría con un esplendoroso sol y bullicio de los pajaritos.  Hoy,  era un día muy especial, en cuanto a definir una situación muy difícil para la familia de Juan, dos hermosas hijas una estudiaba medicina y la otra ingeniería, su linda mujer con cuatro meses de embarazo era especialista en cosmetología. 

                                                      Juan, hombre muy trabajador y dedicado por completo a su familia estaba sumamente preocupado por que las cosas no salían y todo lo que tenia lo había puesto en proyectar su nuevo negocio de exportar, pero lamentablemente el banco con el cual él había estado tratando de operar el negocio, por orden del gerente, no lo iba a apoyar.

                                                      El pobre Juan, buscaba la manera de poder explicarles a sus queridas hijitas  que ya no dispondría de  los medios necesarios para  que  sigan en la universidad, a su mujer  que tendrían que vender la casa e ir a vivir  alquilando, como explicarles esto a sus tres amores.
                                                        Era tal el sufrimiento de Juan, que nuevamente se acercó a su ventana para ver a las aves  con sus alas desviando los  tímidos rayos del sol, buscando en su mente las palabras para poder explicarles, momentos estos en que brotaron varias lagrimas de su rostro, se sentía mal, fracasado pero lo que más le preocupaba era el bienestar de su familia.

                                                           Después de secarse las mejillas, bruscamente, transformó  su cara y voz a una forma feliz y radiante, reuniendo a su familia y les dijo lo siguiente:

Querida familia, hoy es un día muy especial e  iremos todos juntos a pasar el domingo al campo.

El camino se hizo muy corto entre canciones y risas de todos, el viento  como cómplice del momento, acariciaba   a todos revoloteando   entre sus rostros moviendo sus cabellos  en diferentes direcciones y ni que  hablar del lugar que escogieron para pasar el día, el rio la vegetación y el ambiente en general no podía ser mejor,  realmente momentos  muy lindos  junto al río rodeados de árboles frutales, donde   disfrutaron de ricas comidas y anécdotas pasadas, al acorde de risas del corazón, de esas sanas de esas felices de esas  que solo salen del alma.

                                                             Nadie nunca se hubiera podido dar cuenta que para Juan esa era la comida más triste y amarga de su vida y que su corazón lloraba en forma desconsolada pero  como siempre  él  era el encargado de hacer feliz a su familia.

                                                           Al retorno,  por efectos propios del  largo día de campo  esta linda familia venia medio dormitando, pero era muy fácil ver en sus rostros el momento de felicidad del cual habían disfrutado, mismo que era observado por Juan muy disimuladamente  mientras manejaba.

                                                           En el trayecto Juan  iba hablando con Dios mentalmente y le  preguntaba por qué  no lo había apoyado, yo, le decía, siempre te am é  y creí en ti, te apoyé cuanto pude y procure  actuar pensando siempre en ti, porque me has abandonado, mi Dios y no pudiendo contenerse nuevamente se le escapan algunas  lagrimas, llegando a la casa tendría que enfrentar los hechos con la familia, como decirles que no podría mas  darles todo lo que siempre tuvieron , como podría vivir el sin poder darles todo el apoyo a su familia, como podría mirarles a los ojos sin sentirse mal, como podría  hacerles vivir esta  diferente vida que estaba ya por llegar.

                                                           No había parte de su cabeza que no estuviera pensando en lo que tenía  a que enfrentar, cuando  acercándose a una curva, observa a dos muchachos  en sus  bicicletas, los que  son embestidos por un camión y tirados contra el cerro, el chofer causante de este accidente continúa su rauda marcha sin siquiera detenerse a  ver qué había pasado.
                                                                                                                       
                                                            Juan detiene su carro inmediatamente y baja del mismo rápidamente en dirección a los jóvenes uno de los cuales yacía tirado en la tierra. El muchacho se encontraba muy mal, prontamente la hija de Juan que estudiaba medicina dio las pautas de lo que se debía hacer apoyando cada una de su familia  con sus  especialidades,  tijeras y cuchillas la madre tubos para respiración la ingeniera, en movimientos tan coordinados y seguros, propios de una familia  completa y  que sabía  lo que hacia

                                                               En el camino con todos en el carro,  incluyendo a los dos muchachos accidentados, gracias a Dios uno solo tenía golpes leves, Juan le da su teléfono al muchacho   amigo del herido y le dice comunícate  urgente con su familia e indícales que estamos yendo para el hospital,  que los encontramos allá, dejándolo  donde pudiera tomar un taxi y sigue a prisa su camino al hospital ya que el tiempo era vital.

                                                                Cuando la familia del accidentado llega, es atendida por los médicos, quienes le indican que la vida del muchacho, se la deben  a Juan y su familia, seguidamente acercándose el padre del chico accidentado a Juan y su familia, les agradece  por el bien hecho, que había permitido que su hijo se salvara, a lo que Juan le contesta, cualquiera hubiera hecho lo mismo señor,  siendo abrazado por el padre del chico  en forma muy emotiva.

                                                               Seguidamente Juan y su familia  se despiden, en estos momentos el padre del chico herido le pide sus datos  para cuestión del seguro  como posible información que hiciera falta y salen camino a su casa, felices, por haber salvado todos   en conjunto, una joven vida y por haber pasado un hermoso día de campo.

                                                               A estas  alturas,  Juan, no atina a plantearle la situación a su familia, era mucho para un día y decide dejarlo para el día siguiente. Esa noche pese a los problemas tan grandes que Juan tiene, duerme feliz por la buena obra que hicieron el y  su familia de lo cual se siente muy orgulloso.

                                                             Al día siguiente, muy temprano en la mañana, una llamada telefónica del banco  a horas no propias de atención  lo citaba  con carácter de urgencia, lo cual lo intrigó mucho,  ya que sabía que ellos no querían saber nada del negocio.

                                                             Al llegar le dio la impresión como si todo el personal lo estuviera esperando, fue atendido  en forma muy rápida y sumamente cortés dándole  la idea  de ver sonrisas cómplices entre los empleados, los mismos que lo hicieron pasar a la oficina del gerente, opción que nunca tuvo  en anteriores oportunidades pese a sus reiteradas peticiones.

Pero para Juan esa no sería  su última sorpresa.

                                                           Al entrar  a la oficina principal  reconoció al señor  que había estado con él,  la noche anterior en el hospital, era el padre del chico herido, quien con una cordial  sonrisa y un cálido abrazo  le dice : Sr. Juan, el banco analizó bien su caso y quisiera invertir en su proyecto a partir de este momento, disponga Ud., de lo que necesite; Lo único, que atinó Juan, fue caer sentado encima del enorme y cómodo  sillón.
                                                                    
                                                       Pasado la impresión inicial y alegría contenida, le pregunta por su hijo a lo que el padre le contesta que se encontraba muy bien y que nunca  olvidaría lo que Juan y su familia habían hecho por su querido y único hijo.

                                                      Después de poner en orden papeles y acuerdos  Juan se despide con el corazón en la mano para llegar lo más  pronto posible a su casa y poder contar y dar esta buena noticia a su linda familia, pero antes de salir de la oficina del gerente, voltea y le pregunta: Sr. Gerente, como se llama su hijo, a lo que le contesta, mi querido Sr. Juan, mi hijo, mi hijo se llama JESUS.

                             

Moraleja :  Dios nunca olvida a sus hijos.

Dante Arboccó  Quesada