Era un hermoso domingo, que a pesar de ser invierno, sé abría con un
esplendoroso sol y bullicio de los pajaritos.
Hoy, era un día muy especial, en
cuanto a definir una situación muy difícil para la familia de Juan, dos
hermosas hijas una estudiaba medicina y la otra ingeniería, su linda mujer con
cuatro meses de embarazo era especialista en cosmetología.
Juan, hombre muy trabajador y dedicado por completo a su familia estaba
sumamente preocupado por que las cosas no salían y todo lo que tenia lo había
puesto en proyectar su nuevo negocio de exportar, pero lamentablemente el banco
con el cual él había estado tratando de operar el negocio, por orden del
gerente, no lo iba a apoyar.
El pobre Juan, buscaba la manera de poder
explicarles a sus queridas hijitas que
ya no dispondría de los medios
necesarios para que sigan en la universidad, a su mujer que tendrían que vender la casa e ir a
vivir alquilando, como explicarles esto
a sus tres amores.
Era tal el sufrimiento de Juan, que nuevamente se acercó a su ventana
para ver a las aves con sus alas
desviando los tímidos rayos del sol,
buscando en su mente las palabras para poder explicarles, momentos estos en que
brotaron varias lagrimas de su rostro, se sentía mal, fracasado pero lo que más
le preocupaba era el bienestar de su familia.
Después de secarse las mejillas, bruscamente, transformó su cara y voz a una forma feliz y radiante,
reuniendo a su familia y les dijo lo siguiente:
Querida familia, hoy es un día muy especial e iremos todos juntos a pasar el domingo al
campo.
El camino se hizo muy corto entre canciones y risas de todos, el
viento como cómplice del momento,
acariciaba a todos revoloteando entre sus rostros moviendo sus cabellos en diferentes direcciones y ni que hablar del lugar que escogieron para pasar el
día, el rio la vegetación y el ambiente en general no podía ser mejor, realmente momentos muy lindos
junto al río rodeados de árboles frutales, donde disfrutaron de ricas comidas y anécdotas
pasadas, al acorde de risas del corazón, de esas sanas de esas felices de
esas que solo salen del alma.
Nadie nunca se hubiera podido dar cuenta que
para Juan esa era la comida más triste y amarga de su vida y que su corazón
lloraba en forma desconsolada pero como
siempre él era el encargado de hacer feliz a su familia.
Al
retorno, por efectos propios del largo día de campo esta linda familia venia medio dormitando,
pero era muy fácil ver en sus rostros el momento de felicidad del cual habían
disfrutado, mismo que era observado por Juan muy disimuladamente mientras manejaba.
En el trayecto Juan iba hablando
con Dios mentalmente y le preguntaba por
qué no lo había apoyado, yo, le decía,
siempre te am é y creí en ti, te apoyé cuanto
pude y procure actuar pensando siempre
en ti, porque me has abandonado, mi Dios y no pudiendo contenerse nuevamente se
le escapan algunas lagrimas, llegando a
la casa tendría que enfrentar los hechos con la familia, como decirles que no
podría mas darles todo lo que siempre
tuvieron , como podría vivir el sin poder darles todo el apoyo a su familia,
como podría mirarles a los ojos sin sentirse mal, como podría hacerles vivir esta diferente vida que estaba ya por llegar.
No
había parte de su cabeza que no estuviera pensando en lo que tenía a que enfrentar, cuando acercándose a una curva, observa a dos
muchachos en sus bicicletas, los que son embestidos por un camión y tirados contra
el cerro, el chofer causante de este accidente continúa su rauda marcha sin
siquiera detenerse a ver qué había
pasado.
Juan detiene su carro inmediatamente y baja
del mismo rápidamente en dirección a los jóvenes uno de los cuales yacía tirado
en la tierra. El muchacho se encontraba muy mal, prontamente la hija de Juan
que estudiaba medicina dio las pautas de lo que se debía hacer apoyando cada
una de su familia con sus especialidades, tijeras y cuchillas la madre tubos para
respiración la ingeniera, en movimientos tan coordinados y seguros, propios de
una familia completa y que sabía
lo que hacia
En el camino con
todos en el carro, incluyendo a los dos
muchachos accidentados, gracias a Dios uno solo tenía golpes leves, Juan le da
su teléfono al muchacho amigo del herido y le dice comunícate urgente con su familia e indícales que
estamos yendo para el hospital, que los
encontramos allá, dejándolo donde
pudiera tomar un taxi y sigue a prisa su camino al hospital ya que el tiempo
era vital.
Cuando la familia del accidentado llega, es atendida por los médicos,
quienes le indican que la vida del muchacho, se la deben a Juan y su familia, seguidamente acercándose
el padre del chico accidentado a Juan y su familia, les agradece por el bien hecho, que había permitido que su
hijo se salvara, a lo que Juan le contesta, cualquiera hubiera hecho lo mismo
señor, siendo abrazado por el padre del
chico en forma muy emotiva.
Seguidamente Juan y su familia se despiden, en estos momentos el padre del
chico herido le pide sus datos para
cuestión del seguro como posible
información que hiciera falta y salen camino a su casa, felices, por haber
salvado todos en conjunto, una joven vida y por haber pasado
un hermoso día de campo.
A estas alturas, Juan, no atina a plantearle la situación a su
familia, era mucho para un día y decide dejarlo para el día siguiente. Esa
noche pese a los problemas tan grandes que Juan tiene, duerme feliz por la
buena obra que hicieron el y su familia
de lo cual se siente muy orgulloso.
Al día siguiente, muy temprano en la mañana, una llamada telefónica del
banco a horas no propias de
atención lo citaba con carácter de urgencia, lo cual lo intrigó
mucho, ya que sabía que ellos no querían
saber nada del negocio.
Al llegar le dio la impresión
como si todo el personal lo estuviera esperando, fue atendido en forma muy rápida y sumamente cortés
dándole la idea de ver sonrisas cómplices entre los
empleados, los mismos que lo hicieron pasar a la oficina del gerente, opción
que nunca tuvo en anteriores oportunidades
pese a sus reiteradas peticiones.
Pero para Juan esa no sería su última
sorpresa.
Al entrar a la oficina
principal reconoció al señor que había estado con él, la noche anterior en el hospital, era el
padre del chico herido, quien con una cordial sonrisa y un cálido abrazo le dice : Sr. Juan, el banco analizó bien su
caso y quisiera invertir en su proyecto a partir de este momento, disponga Ud.,
de lo que necesite; Lo único, que atinó Juan, fue caer sentado encima del
enorme y cómodo sillón.
Pasado la impresión inicial y alegría contenida, le pregunta por su hijo
a lo que el padre le contesta que se encontraba muy bien y que nunca olvidaría lo que Juan y su familia habían
hecho por su querido y único hijo.
Después de poner en orden papeles y acuerdos Juan se despide con el corazón en la mano
para llegar lo más pronto posible a su
casa y poder contar y dar esta buena noticia a su linda familia, pero antes de
salir de la oficina del gerente, voltea y le pregunta: Sr. Gerente, como se
llama su hijo, a lo que le contesta, mi querido Sr. Juan, mi hijo, mi hijo se llama JESUS.
Moraleja :
Dios nunca olvida a sus hijos.
Dante Arboccó Quesada






Que bello cuento. Me enternecio hasta el alma.
ResponderEliminarGiovanna
Muy profundo, muchas gracias
ResponderEliminarLupe Holgin
Mexico